
“Yo aguantaba tanto para que él me quisiera…no sabía qué hacer.
Poco a poco, me fuí dando cuenta de la situación en la que vivía… no tenía apoyo de ningún tipo para escapar, pero lo que más me lo impedía era: qué le quería!
Sí fíjate, querer a una persona así”
Este tipo de reflexiones se dan en muchas mujeres que sufren o han sufrido violencia a manos de su pareja o ex pareja. A parte de lo incomprensible que pueda parecer querer a un maltratador, me gustaría aportar algo de luz sobre algunos de los comportamientos de las mujeres que sufren o han sufrido estas situaciones y que pueden resultar desconcertantes.
Cuando trato estos temas, en ocasiones, me encuentro con opiniones algo “llamativas”. Afortunadamente son pocas, pero hay personas que todavía tienden a pensar que si una mujer expresa episodios de abuso y no hace nada para cambiar la situación, es porque lo consiente.
“¿por qué si es capaz de contar que le pega a diario no cambia la situación?”
“ya ha pedido ayuda…qué se deje ayudar!”
“si está mantienendo una relación así es porque algo obtiene…”
Estas opiniones parecen ancladas en mitos y en ideas preconcebidas arraigadas en parte de nuestra sociedad. Algunos de estos ideales se basan en la creencia del masoquismo femenino o la individualidad en el problema del maltrato… en definitiva, desafortunadamente, se tiende a culpar a la mujer.
Con el fin de entender un poco mejor por qué hay mujeres que se expresan de esta forma, voy a detallar sólo uno de los efectos que pueden producir este tipo de relaciones de subordinación y vulnerabilidad de una persona frente a otra.
Son los llamados mecanismos de defensa, estrategias psicológicas que desarrollan los seres humanos para hacer frente a la realidad en la que están inmersos. En casos de violencia de género algunos de ellos son:
- Negar la evidencia, siempre con el fin de soportar la angustia
“sólo se le fue una vez de las manos, y tampoco fue para tanto”
- Desviar el problema
“como venía cansado del trabajo, tenía menos paciencia conmigo”
- “Olvidan” lo ocurrido
“no me gusta recordar como llegue a esta situación, se que las tengo dentro pero mejor no removerlas”
- Negar que viven bajo una situación de violencia
“ no era una situación de maltrato, simplemente una pareja que vive su relación con pasión”
- Idealizar a su pareja
“yo le sacaba de sus casillas, la verdad es que luego se arrepentía y compensaba lo que había hecho conmigo. A veces era muy comprensivo”
- Proyectar en su pareja reacciones que no son de él, sino de ella misma.
“tengo claro que él me necesita”
Las relaciones de maltrato se mantienen por muchos factores, entre ellos el miedo. Para sobrevivir, la mujer desarrolla mecanismos que le permiten: por un lado, poder enfrentarse a la angustia de su día a día, y por otro, auto justificarse para comprender por qué sigue junto a él.
Imagina que tu nivel de dependencia hacia el agresor te hace sentir inútil sin él, imagina que te han recordado muchas veces que tu forma de actuar y/o pensar está equivocada, imagina que no valen tus argumentos ni vales como persona y vamos más allá, imagina que para que no se te olvide, te lo han hecho saber mediante un golpe en la cabeza.
Para ayudar a una mujer inmersa en la violencia de género, no olvides que desde fuera, es difícil imaginar que ocurre; se consciente que la comprensión es el primer paso para que tome fuerza y encuentre apoyos suficientes que le ayuden a romper su situación. Si ella se expresa y se siente juzgada, probablemente no vuelva a relatarnos episodios y no podremos hacerle ver la realidad en la que vive.
marta gómez laguna
psicóloga