
Desde hace unos meses Lucía se encuentra triste, apagada, sin energía…ya no sabe cuáles son sus ilusiones y sólo su hija le arranca las pocas sonrisas que hace poco dejaron de ser las protagonistas en el día a día de esta mujer casada, trabajadora y madre.
La relación con Carlos está atravesando momentos difíciles, ya no se divierten como antes, han perdido complicidad, los ataques son la marca de la casa.
Cada uno quiere imponer sus opiniones, sus ideas y si no se cumplen las expectativas que se marcan el uno sobre el otro los reproches hacen acto de presencia…
”Tú hiciste…”,”Yo hice…”, “Deberías…”, “Me niego a…”, “Eres…”,”Siempre igual…”,”Estoy cansada de…”, “No merece la pena…”, “Tienes que…”…
Todavía conservan algo de lo que fueron, algunos días tranquilos, algunas carcajadas, los recuerdos y el amor.
Pero no disfrutan de la satisfacción de compartir la vida con alguien que un día fue una persona sin defectos y repleta de virtudes, aquella persona que les animó a dar pasos al frente completamente seguros de que lo hacían con la mejor de las compañías.
Ahora perciben que si esto sigue así, no podrán seguir adelante.
Cuando deciden ir a terapia cada uno tiene su versión, su experiencia y la solución a su problema de pareja (que como suele ocurrir excluye a la del otro). Esa lucha en la que viven desde hace tiempo sigue en la consulta, es la lucha por el poder dentro de la relación.
Lucía siente que Carlos tiene que cambiar, pasar más tiempo con ella y disfrutar más de su familia, cree que su marido se aburre en casa y ha perdido el interés por su mujer.
Carlos por el contrario, opina que Lucía es muy demandante, caprichosa y que está obsesionada, por lo que él mismo paga por todo. La considera muy exigente con él y considera que siempre se hace lo que “ella dice”

¿Cuáles son las fisuras en esta relación?
En muchas relaciones se produce cierta ASIMETRÍA EN EL PODER. Como se aprecia entre Lucía y Carlos hay un juego de poder, que les motiva a actuar de una forma determinada con tal de imponerse sobre el otro. Esta dinámica es la que se ha instaurado entre ellos. Es peligrosa porque los enfrenta y lleva mucho tiempo dejándoles sólo sentimientos negativos.
Escucho a muchas parejas repetirme lo mismo: viven con la sensación de “siempre acabamos igual, discutiendo y enfadándonos una y otra vez”. Se llega a discutir hasta por la forma de discutir «siempre tienes que llevar la razón», «no me escuchas nunca», «ya empiezas a gritarme», «cómo te gusta llevarme la contraria»…
Puede que se ejerza el poder desde “abajo”. Es decir, pretendo cambiar la actitud de mi pareja expresando lloros, suspiros, abatimiento que generen culpa en el otro. O puedo ejercer mi poder desde “arriba” con gritos, aspavientos y rabia, por lo que pretendo generar miedo e inseguridad en el otro y así conseguir su cambio de actitud. Estos roles puedes ser estáticos o pueden que se intercambien según las circunstancias…un día soy yo el que se deprime por el ataque pero al día siguiente soy el que responde con virulencia al otro ante cualquier comentario inofensivo.
Se persigue claramente forzar la situación y conseguir nuestro intereses personales por encima de los comunes (como pareja).
En la base de este conflicto de poder están las ideas rígidas que cada persona tiene acerca de lo que consideramos “debe” hacer nuestra pareja:
“siempre tiene que estar de acuerdo conmigo”, “tiene que apoyarme a toda costa”, “todo su tiempo debería dedicarlo a su familia”, ”una pareja tiene que salir siempre juntos”, “mi pareja tiene que intentar agradarme en todo momento”, “me tiene que soportar porque soy así”, ”si mi pareja aprende a ser de tal manera seremos felices”…
Estas ideas con el tiempo y la adversidad se convierten en exigencias hacia el otro. Y sobre todo, en los principales motivos de lucha.
Estas dinámicas son tratables en terapia, pero…
¿cómo empezar a desenmarañar este entramado de reproches?
Lo primero identificar esas ideas exigentes y mitificadas de las relaciones y de la pareja.
No es fácil detectarlas, todos podemos estar afectados por estos mitos y sobre todo, están a veces tan ocultos que ni la propia persona los verbaliza claramente.
En terapia se descubren con el trabajo atento por parte del terapeuta y del cliente. Podremos llegar a descubrir cuál es el motor que nos guía (muchas veces de forma inconsciente) a cambiar al otro y a no tolerar muchas de sus actitudes, convirtiéndonos en autoritarios compañeros que pasan revista a quien tiene al lado de modo implacable.
Mediar en la consulta para que el que ejerce el poder se percate de su actitud y proteger al otro del ataque, serán fundamental para tomar conciencia de lo que ocurre a diario en sus casas.
Una vez detectadas estas ideas (como pueden ser “si mi pareja no se comporta de esta forma es que no me quiere lo suficiente”) tenemos que considerar por qué lo hacemos. Normalmente ocultan miedos, debilidades, inseguridades…que generan mucha angustia. Por ejemplo, «si mi pareja no cumple lo que pienso puedo quedarme solo», «mi proyecto vital será un fracaso», «viviré insatisfecho»…
Por tanto, detectar y entender porque hemos llegado a pensar de esta forma, cuestionar esas ideas y enfrentarnos a ellas, aportando otra visión más flexible y realista, nos ayudará a convertirnos en parejas comprensivas, cooperativas y seguras.
Aportar herramientas para perder ciertos miedos: ser más compasivos con nosotros mismos, tolerantes con los demás y saber protegernos de lo que realmente puede hacerte daño.
Retomando el caso de Lucía y Carlos, ella podría llegar a decir:
“Carlos, pienso que necesitas tiempo para estar con tus amigos, entiendo cómo te sientes, tendrás tus razones, me gustaría que lo habláramos y así poder comprenderte”.
Lucía ha entendido que cada persona tiene unas necesidades y que satisfacerlas le hará vivir con más plenitud de lo que le rodea.
Este pensamiento puede ayudarle comprender que el tiempo juntos es de mayor calidad, en vez de exigirle estar siempre a su lado de malas formas sólo por pensar que si un marido no quiere pasar tiempo con su mujer es porque se aburre y ya no la quiere cómo antes.
Carlos por otro lado, dejará de tachar a su mujer de exigente, de juzgarla duramente y dejará de hacerla sentir culpable por su actitud…pues entenderá que a la base de todo estaba una idea mitificada de Lucía, su temor y comprenderá cómo se siente y por lo que se mostrará mucho más afectuoso con ella.
Si la ambos miembros de la pareja lo desean, poco a poco, idea a idea, actitud por actitud nos llevará lograr vivir en lo positivo, por lo menos, la mayor parte del tiempo.
Marta Gómez Laguna
Psicóloga