Superar imprevistos: problemas de fertilidad

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Uno de los momentos más delicados a los que puede enfrentarse una pareja es presentar dificultades para tener hijos…sobre todo cuando se tiene el deseo de tenerlos. Supone una situación que puede influir tanto a la identidad personal de cada miembro, como al proyecto en común de la pareja.

La infertilidad (femenina o masculina) es un problema complejo que genera manifestaciones de todo tipo.  Estudios recientes concluyen que afecta a la calidad de vida de las parejas, empeorando la comunicación, el empobreciendo las relaciones sexuales o incluso el interés por el otro, de igual forma puede afectar a la vida social, tendiendo al aislamiento. Sin embargo, otros recogen que en muchas ocasiones la pareja se ve fortalecida, aumentando el amor, la unión y el apoyo en el otro. En este último caso, parece determinante la situación conyugal previa, es decir, parejas que tengan sintonía en la comunicación, y que mantengan una visión compartida del problema de fertilidad.

EL DIAGNÓSTICO

Normalmente, tras meses de intentos fallidos por conseguir el embarazo las parejas atraviesan unos fuertes sentimientos de frustración, que se ven aliviados ante la posibilidad de recurrir a los centros de reproducción asistida dónde se confirmará el posible diagnóstico de infertilidad de uno o ambos miembros de la pareja y que les abre la puerta de nuevo a la ilusión de ser padres con ayuda médica.

En un primer momento, según la doctora en Psicología, Carmen Moreno Rosset, “un diagnóstico de infertilidad supone una “crisis vital” que genera una fuerte sobrecarga emocional y debe ponerse en tratamiento psicológico desde el momento que se conoce”. Aparecen reacciones como el shock o la negación, y como he mencionado antes puede afectar tanto a nivel personal, conyugal o social.

En muchos casos, las personas atraviesan crisis que generan sentimientos de angustia, pérdida, frustración o culpabilidad. Incluso pueden aparecer problemas psicológicos como ansiedad elevada,  baja autoestima, sentimientos de pérdida de control o estrés.

EL TRATAMIENTO DE FERTILIDAD

Una vez obtenido el diagnóstico, y tras el impacto inicial, llega el momento de tomar nuevas decisiones. Se presenta una nueva opción, como es la posibilidad de comenzar un tratamiento médico para llegar a conseguir el deseo de ser padres.

En este punto, la incertidumbre o la ansiedad vuelven a aparecer puesto que comienza un nuevo ciclo. La información es muy importante en estos casos: acudir a buenos profesionales (que realicen estudios de esterilidad fiables), conocer las técnicas de reproducción asistida actuales y elegir la que mejor se adapte a cada caso particular. El apoyo emocional y el afecto en la pareja es indispensable puesto que, la motivación, la esperanza e ilusión ante este nuevo reto debe preservarse. El desahogo emocional ante posibles miedos e inseguridades liberará tensiones  y así,  se mantendrá una adecuada salud psicológica que contribuirá a afrontar el proceso (en muchas ocasiones es largo) de forma satisfactoria.

LOS RESULTADOS

Es uno de los momentos determinantes, puesto que tras mucho tiempo de esfuerzo se esperan resultados. Aparece el nerviosismo, la atención focalizada en el cuerpo de la mujer y sus cambios (esperando el embarazo), la ilusión y la angustia de la espera. Mantener la calma se torna complicado. El manejo de la ansiedad y la tensión, así como habilidades para afrontar todas las opciones que puedan presentarse.

Cuando se consigue la concepción las emociones positivas (alegría, euforia, ilusión…) inundan a la pareja, tras atravesar una época de alto coste físico y emocional. A partir de ahí, se tienen que emplear las habilidades necesarias para afrontar el deseado embarazo y los miedos ante un posible aborto, las inseguridades ante la futura maternidad-paternidad y los cambios que irrumpen al llegar un nuevo miembro a la familia.

Por otro lado, durante la espera de resultados hay que estar preparado para enfrentar todas las situaciones, sobre todo de cara a la recuperación individual y de pareja. Si finalmente la concepción no llega a conseguirse, y se han descartado otras opciones como la adopción, es fundamental respetar los tiempos para asimiliar todo lo ocurrido y poco a poco, construir una nueva identidad…sin hijos. Reconocer los valores que unen la pareja y trabajar en las nuevas motivaciones, proyectos e ilusiones en común. Ser consciente de que la vida sigue adelante y que tras atravesar un período complicado no existen razones para superarlo y llevar una vida que depare plenitud y felicidad.

Los problemas de fertilidad no conllevan irremediablemente a una crisis personal o de pareja, pero es importante considerar que si existe un sufrimiento personal o un desajuste en la relación, es recomendable buscar apoyo psicológico que permita:

Aceptar las emociones y pensamientos que aparecen en la pareja a raíz del problema de infertilidad. Cada persona reacciona emocionalmente de una forma determinada y puede expresarlo mediante la rabia, la tristeza o la evitación.

Manejar la ansiedad, los miedos e inseguridades propias de cada etapa dentro del proceso.

– Asumir que no existen responsables ni culpables.

– Aprender nuevas formas de comunicación: fomentar la empatía en la pareja, que tu pareja se convierta en una persona de apoyo sin juicios ni criticas.

– Desmontar mitos acerca de la infertilidad: muchas personas piensan que es una discapacidad personal y que son culpables.

– Redescubrir la sexualidad. Previo al diagnóstico de infertilidad, la pareja ha pasado por una etapa de pruebas y de sistematización de las relaciones sexuales, que han podido afectar al interés sexual y a la desmotivación.

– Prevenir problemas de ansiedad o depresión.

Colaborar con las parejas para que afronten los resultados generando proyectos futuros, recuperando los valores que les unen y que permitirán la construcción una nueva identidad.

 

Marta Gómez Laguna

Psicóloga