
Educar a los hijos es una tarea muy gratificante que requiere entrega y una gran dosis de cariño. Consiste en ayudar a cada niño o niña a crecer en el ambito social, emocional y cognitivo, desarrollando así las competencias básicas para disfrutar de sus experiencias vitales, de sus conocimientos o de la interacción con los demás.
Para educar, la forma de comunicarte con tus hijos es determinante, a través de ella contribuyes a:
– Ayudarle a adquirir habilidades sociales para relacionarse con otras personas.
– Formar su autoconcepto.
– Fortalecer su autoestima.
– Crear una «imagen real» de sus padres.
Existe otro aspecto que será imprescindible en su desarrollo personal: la seguridad en sí mismo. Las comunicaciones han de basarse en la sensibilidad y el apoyo hacia tus hijos. Si ellos perciben que son queridos incondicionalmente evitarás que en un futuro sea un adulto inseguro que necesita la aprobación de otros para sentirse bien (Importante: no confundir amor incondicional con sobreprotección).
Hay algunas pautas interesantes que pueden contribuir a fomentar su seguridad y a fortalecer su desarrollo emocional:
- Aporta valor y comprensión a sus peticiones
Vamos a imaginar un ejemplo muy cotidiano, cuando un niño está asustado y te pide ayuda, puedes optar por dos formas de responder su demanda, la primera podría ser:
“¿te asusta quedarte sola en el patio? No te preocupes, mamá te acompaña”
o por el contrario,
“¿qué te da miedo jugar en el patio?! Creía que eras una niña valiente…”
En este último caso, esta hija puede interpretar que su madre no acepta su petición de ayuda y a su vez, puede comenzar a sentirse identificada como una niña cobarde.
Es importante tener en cuenta el poder que tienen las palabras sobre los niños, el proceso de etiquetado actúa sobre el autoconcepto que están elaborando, y el cuál se arraiga con fuerza durante los primeros años de vida.
Por otro lado, volviendo al ejemplo anterior; la sensación de protección de los progenitores será básica para que pueda experimentar con su entorno, de esta manera el niño podrá explorar sabiendo que puede volver a un “sitio seguro” en el que encontrará comprensión y apoyo.
- Acepta sus percepciones
Algunas veces los niños presencian situaciones que te gustaría evitar: discusiones entre la pareja, conflictos familiares, conversaciones comprometidas…
“por qué estás en el salón? vuelve a la cama. Mamá y papá sólo están hablando…”
Si esto ocurre, según el psicólogo John Bowlby, quién desarrollo la teoría del apego, “los padres tienden a minimizar los aspectos negativos y maximizar la percepción de los aspectos positivos de su conducta como padres. Así creen que ellos como padres son mucho mejores de lo que parecen”.
Si nos enfrentamos ante situaciones así, lo mejor es optar por la comunicación eficaz con el niño. Dar una interpretación que se ajuste al máximo a la realidad, sin olvidar su nivel de comprensión. Los intentos por “tapar” los hechos parece ser el camino equivocado. Los niños tienen conciencia de todo lo que ocurre a su alrededor desde edades muy tempranas, ejercer presión para que cambien su percepción sobre algún suceso o directamente hacer creer que eso no ha ocurrido, lo único que puede provocar en ellos es culpa y sentimientos conflictivos, e incluso podría afectar en su forma de percibir y pensar en el futuro.
Relacionado con este aspecto, como padres es importante ser conscientes de la necesidad del niño de expresar dolor, soledad o angustia. De una forma casi innata parece tener más peso el deseo de ver a los hijos siempre contentos y con buena predisposición, pero permitirles experimentar estos estados emocionales negativos forma parte de su aprendizaje personal y de su derecho a decidir.
- Mensajes desafortunados
“ Cómo no dejes de dar guerra, me va a empezar a doler la cabeza”
“si no haces los deberes, te voy a llevar a un internado”
Emplear mensajes culpabilizadores o amenazantes para controlar a los hijos es un arma de doble filo. Creer que de esta forma se va a imponer nuestra disciplina o vamos a controlar la situación de una forma más eficaz está equivocado. Estos comentarios pueden que sean fruto del estrés y de manera casi inconsciente surgen para liberar la tensión que se tiene acumulada de todo el día.
Las amenazas atacan directamente a la seguridad del apego que los hijos sienten hacia sus padres, atacamos ese hilo que tenemos establecido con ellos desde pequeños. Sea de forma intencionada o no, comentarios de este tipo pueden hacerles sentir culpables y frustrados antes situaciones que ellos difícilmente podrían alcanzar a remediar.
Sabemos que el establecimiento de límites es principal para el fomento de conductas responsables y su independencia pero, el saber emplearlos y comunicarlos es clave para que sean efectivos y construyan niños emocionalmente sanos.
Por otro lado, también puede ocurrir que tras el uso de estas amenazas, sea por el motivo que sea: control, descargar tensiones o imponer disciplina, no se lleven a cabo, esto conlleva la pérdida credibilidad y poder como madre o padre.
- Leer su mente
Como hemos hablado, que los niños expresen todo tipo de emociones es algo positivo y de esta forma construirán un mapa emocional potente para poder afrontar el futuro.
Esto no implica tener que atosigar al niño a preguntas cuando percibamos que está preocupado o triste, está muy bien interesarnos y apoyarles, pero igualmente importante es permitir que los hijos tengan un espacio mental propio, dotarles cierto grado de control y gestión sobre sus pensamientos y sentimientos…es decir, darle espacio a su intimidad.
Por último, es importante no confundir estas indicaciones con «exceso de permisividad». Es evidente que la sobreprotección coarta la libertad de los niños y produce esa inseguridad y dependencia de nosotros que tanto perjudica a su desarrollo como personas, y que probablemente atraerá problemas en su vida adulta. Simplemente, es fundamental crear un equilibrio saludable entre cariño, apoyo y respeto.
Marta Gómez Laguna
Psicóloga