
“8:00 am. Suena el despertador, he dormido fatal, necesito media hora más… pero si no me levanto ahora no puedo llevar a la niña a la guardería y prefiero llevarla yo…
Me ducho rápidamente y preparo el desayuno. Bueno! Me tomo un zumo y en cuanto llegue al trabajo me pido algo en la cafetería mientras hago unas llamadas urgentes.
¿Dónde está mi chaqueta? ah! en la tintorería, qué no se me olvide recogerla al salir del trabajo!
“Vamos Carmen, coge tu mochila…voy a volver a peinarte parece que tu padre no te ha desenredado bien el pelo…”
Llego tarde al trabajo!! Iremos dando un paseo muy rápido…y de paso reviso mi agenda para confirmar la hora de la ecografía…puf! He cogido algo de peso…tomaré algo light para desayunar…”
Hoy en día, estamos acostumbrados a tolerar un alto nivel de activación que dificulta tomar conciencia del estrés que soportamos. Ante este hecho, no son inmunes las mujeres embarazadas, ellas soportan el mismo estrés pero durante uno de los períodos más importantes de sus vidas.
En los últimos años, se ha hecho hincapié en el efecto del estrés sobre los bebés en el útero materno. Estudios tan relevantes como los de Vivette Glover, especialista en Psicobiología perinatal; recogen evidencias relacionadas con los efectos producidos en las madres sometidas a niveles significativos de estrés, como por ejemplo: sucesos vitales estresantes graves, miedo al parto, temores a posibles enfermedades del bebé o dudas sobre su competencia en su futuro papel de madre.
(Puedes saber más del trabajo de Vivette Glover, pinchando aquí)
La investigadora señala a la hormona cortisol que produce la madre, como responsable de este hecho. El cortisol es la hormona encargada de preparar a tu cuerpo ante hipotéticas situaciones de peligro, se produce y libera en situaciones de estrés. Esta sustancia se transmitiría a través de la placenta, ocasionando cambios en los sistemas neurobiológicos del bebé. Las consecuencias de producir un exceso de esta hormona varían desde: partos prematuros, problemas afectividad en la diada madre-bebé o que los niños presenten a largo plazo un déficit de atención.
Otras grandes investigaciones como el estudio ALSPAC (Avon Longitudinal Study of Parents and Children), dónde se ha realizado un seguimiento desde el años noventa en miles de madres y sus bebés, evidencian la importancia de la ansiedad prenatal y sus consecuencias afectivas, emocionales y conductuales en los futuros niños.
¿qué informan estas investigaciones acerca del estrés prenatal?
Destacan la relevancia del estado emocional de las madres gestantes. Cuando las embarazas viven bajo situaciones de estrés prolongadas o padecen ansiedad o depresión graves durante su embarazo; suelen presentar una mayor probabilidad de sufrir un parto prematuro o sufrir efectos negativos en el desarrollo neurológico del feto, que puede desembocar en niños más ansiosos, hiperactivos o que presenten un menor coeficiente intelectual. Dependerá de la etapa de desarrollo en la que se encuentre nuestro bebé durante la exposición al estrés y de la duración del mismo. Los estudios defienden que los períodos de mayor influencia pueden ser el primer y último trimestre de embarazo.
¿Cómo podemos aprovechar los conocimientos que sacan a la luz estas investigaciones ?
Fundamental, otorgar un lugar a la prevención de problemas relacionados con la Salud Mental dentro de la cobertura profesional que reciben las mujeres embarazadas. Por ejemplo: detectar e intervenir los posibles cuadros de ansiedad o depresión. De igual forma que se hace hincapié en la alimentación, los hábitos saludables…permanecer atendida psicológicamente ante posibles dudas, dificultades, miedos, sobrecargas familiares…promover la creación de espacios de escucha y comprensión para madres y padres, como los Grupos de Apoyo para Madres y Padres.
Por otro lado, la posibilidad de conocer más sobre todo lo que afecta a los bebés durante la gestación, confirmar más datos sobre la potencia del vínculo entre madres e hijos, incluso antes de nacer.
Si estás embarazada, dedícate a ti en la medida de los posible. Nada de obsesionarse… no hace falta que seas una “balsa de aceite” durante todo el día, tampoco comiences a evitar situaciones de mayor activación física o emocional, no estás enferma…Pero si, interiorizar la importancia que supone mantener el bienestar psicológico durante todo el embarazo y el post parto.
La evidencia de estos estudios demuestra que las emociones maternas se transmiten a través de la liberación fisiológica de ciertas sustancias; pues bien, vamos a aprovechar el lado positivo. Encontrarte menos tensionada, sin excesivas preocupaciones producirá la liberación de endorfinas, sustancias muy buenas para ti y tu bebé.
Tu sensibilidad emocional está a flor de piel, puedes encontrarte en ocasiones irritada o cansada o simplemente te apetece llorar…estos sentimientos entran dentro de la normalidad, sólo tienes que permitirte expresarlos, como cualquier persona, liberará estados emocionales negativos y favorecerá sentirte más relajada y confiada.
Algunas ideas para mantener a raya los niveles de estrés durante el embarazo:
- Fortalecer tu relación de pareja
El conflicto suele ser una de las mayores fuentes de estrés para las futuras madres. Incluir a la pareja en el embarazo es fundamental para ambos y os ayudará a afrontar muchas de las situaciones que están por venir.
- Apoyarte en tu familia y amigos
Establecer espacios para compartir el proceso y expresar tus ilusiones, inseguridades o temores. Buscar ayuda cuando los necesites sin miedo a sentirte cuestionada por no ser una «embarazada feliz».
- Autocuidados
Tiempo para ti: busca actividades agradables (pasear, leer, hacer gimnasia) o simplemente, momentos soledad para reflexionar. Es sano reservarte espacios para estar contigo misma y tu bebé. Asimilar a tu propio ritmo, todo lo que estás viviendo y lo que está por llegar.
Respeta tus horarios de descanso: el cuerpo está sufriendo muchos cambios y este trabajo puede hacerte sentir muy cansada, junto con posibles incomodidades que pueden surgir como inconvenientes al adoptar la postura de dormir, algo que puede limitar tus horas de sueño.
Relájate: puedes aprender técnicas de relajación, algunas son específicas para distensionar tu musculatura y son de ayuda para afrontar el parto. Si te animas, puedes practicar meditación guiada , te ayudará a concentrarte durante unos minutos en el aquí y el ahora, dejando a un lado preocupaciones.
- Prevenir posibles estados de ansiedad o depresión
Si notas que tu estado de nerviosismo es persistente, tienes miedos que te sobrepasan, que estás muy triste o desmotivada, si lloras con bastante frecuencia…busca atención profesional, puede ser un desahogo para ti y te ayudará a afrontar la situación.
- Reducir la jornada laboral
Si te produce una sobrecarga y aumento de tensión. Si por el contrario, tu trabajo te proporciona un espacio de desconexión y no te acarrea grandes esfuerzos…adelante! Tú decides.
- Escucha y respeta tus propias decisiones personales
Gestionar tu embarazo es importante, es decir, tomar las riendas en tu proceso de maternidad (parto, lactancia, pruebas médicas, crianza…). Infórmate adecuadamente y rodéate de los mejores para ti, no olvides sentirte siempre apoyada y respetada, sea cual sea el camino elegido.
Marta Gómez Laguna
Psicóloga